La agonía

Me quedé sorprendida de nuestra humanidad dormida, y de la capacidad de convocatoria a despertar que tiene la agonía. 

Vivimos absortos en nuestras realidades, en nuestras fantasías y en nuestro día a día, olvidando que nuestra inmortalidad ficticia nos lleva a pensar que somos eternos y que siempre habrá un mañana para saludar a quien nos ama. 

Nos llenamos la boca pensando en los avances de la tecnología , pero olvidamos que retrocedemos en relaciones humanas, convirtiendo en tu mejor amigo a un pedazo de aluminio y hierro y dejando al ser amado en una esquina, cuya presencia es apenas notoria por el rabillo del ojo. 

¡Despierta! que agonizas en vida esperando que alguien muera para darte cuenta que la vida es afuera, si, incluso fuera de tu propia cabeza cabeza.

El poder

Sin prisa fui llegando a ese sitio soñado, un lugar sin retorno al viejo proceder. La madurez tocando la puerta lista para entrar y mi fénix a punto de emerger.

Llegó en forma de corazón de hierro con la misión de jamás entregar su ánimo a ningún ser ni circunstancia; y me tomó casi treinta y tantos años descubrir donde residía el poder.

Nunca el poder estuvo en el otro a menos que yo lo permitiera, mi poder estaba dentro y en mi fuerza lo hallaría.

Agradezco a las batallas perdidas por llevarme a encontrar el tesoro donde yo soy dueña de mis emociones y los otros son solo espectadores de la obra que es mi vida y testigos de lo que yo decida qué pueden ver.

Dual

Dos habitan el cuerpo; El alma, el ego. Dos habitan el cosmos; El sol, la luna.
Dos habitan mi corazón; el amor, el odio. Dos habitan la tierra; la luz, las estrellas. Dos rigen la realidad; la vida, la muerte. Dos sentimientos nos definen; la alegría, la tristeza.
Somos duales, dual es la naturaleza, y el equilibrio está en aceptar y fundirse en uno con ambas fuerzas, porque ambas soy yo.

Laberinto

Miro alrededor buscando encontrar nuevos caminos, pero advierto viejos arbustos que me ubican en la misma locación. Imaginaba la salida con la nueva estrategia que me pondría de manifiesto camino al encuentro con el fin de un recorrido interminable y repetitivo. 

Los mismos rostros melancólicos en una sin salida; las mismas quejas sordas de quienes no veían su alma; la vieja narrativa de quien no ve tesoros sino manchas de su negro corazón pintando la vida que dibujaban y muecas de dolor que ellos mismos se causaban.

Concentrada en la luz me aventuré a seguir el camino, haciendo caso omiso de los lamentos que como sirenas amenazaron con detenerme; acudiendo al perdido hábito de luchar a muerte por mis deseos de desmarcarme del comportamiento de masas, encontré la salida al engañoso y mal recorrido laberinto. 

La sombra

A la vuelta de la esquina me encontré con mi sombra que indicaba que no estaba sola. Siempre me acompañaba en mis aventuras para develar el misterio de la vida en cada paso que daba. 

Me seguía a todas partes, a veces saboteándome con pequeñas diabluras que con los años fueron convirtiéndose en tormentosas actitudes que terminaban por aislarme del mundo con el que crecí. 

Finalmente un día, la epifanía de su origen acompañó mi acto heróico por entender su procedencia, y me di cuenta que era yo quien se interponía entre la luz y quien la recibía, dando paso a esa silueta oscura que distorsionaba su fuente. 

Fue así como entendí que si soy luz no habrá sombra, y que aunque esta me acompañase por años ya no la necesitaría más. Dejé entonces la aprendida costumbre de entrometerme en el propósito de la existencia y me convertí en la iluminación que le diría adiós y gracias para finalmente crecer.

Espejo de luz

Como un fuego creciente me robaba la calma cada vez más disminuida. Día a día mi mente la recordaba como quien roba sueños y prepara su huida sin ningún asomo de remordimiento. Sin vergüenza y sin dolor su sonrisa me brindaba, triunfante sobre el débil y regocijada al clavar la espada a quien yacía en el suelo de espaldas. Pasó el tiempo mientras la contemplaba, odiando al espejo por la voracidad que reflejaba.

La seguí alimentando en la caverna del pensamiento, ese lugar oscuro donde construimos los personajes solo a partir de pequeños fragmentos; donde nuestras vidas se cruzaron para llamar a este acontecimiento “destino” y donde nuestra historia fabricaba esas realidades. 

Llegó el día en que la paz habitó mi alma, y comencé a verla desde un lugar de colores, con amor, paz y un aroma de contemplación, alimentando ya los ángeles y no los dragones que avivaban el deseo de bienestar para las dos. 

Al borde de perderla en vida, como quien extraña a quién le dio lo mejor que tenía, anhelé darle lo mejor de mi, pues ella me dio la inspiración para la creación más sublime, una nueva yo, cuyo espíritu, entendió desde el odio el amor.